Aquellos frikis cubanos que cantaban canciones punk

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos es una cuestión diplomática que seguramente resultará muy interesante a los políticos, a los periodistas, y a los que se dedican a estudiar las relaciones internacionales. No me cuento entre los miembros de ninguno de esos grupos, pero ese cambio diplomático me interesa porque es muy posible que nos depare historias interesantes desde el punto de vista humano. Y una de esas historias es la de los frikis cubanos.

La palabra “friki” parece que ha entrado en nuestro vocabulario de la mano de la informática, y sobre todo de internet. Para muchos, la imagen de un friki corresponde a la de un informático (o estudiante de informática), aficionado a los videojuegos, y que pasa las 24 horas del día resolviendo problemas de código máquina, aporreando el teclado de su ordenador, o pasando de nivel pegado a los mandos de la videoconsola.

La Real Academia ha incluido la palabra en la última edición del Diccionario de la Lengua Española. Y establece que la etimología es la palabra inglesa “freaky”, y ésta a su vez proviene de “freak”, que significa “extraño”, “extravagante”. Para hacernos una idea muy gráfica de esta palabra podemos recurrir a la portada del albúm “Strange days“, de uno de los grupos más underground de los sesenta, The Doors. En la fotografía aparecen forzudos de circo, enanos, payasos, …

Portada de

Portada de “Strange Days”

Pero dejando a un lado el origen de la palabra, la idea de este comentario me surgió después de escuchar un episodio del podcast Radiolab, titulado “Los frikis“.  El episodio relata la historia de un grupo de personas que, allá por los años ochenta y noventa, intentaron adoptar un estilo de vida que se apartaba de lo que dictaba la ortodoxia del regimen castrista. Ellos mismos se dieron el apelativo de frikis. Sin embargo, su aspecto, indumentaria y peinado estaban más cerca de los punkies que de cualquier otra tribu urbana.

Aunque cuando estos músicos empezaron a tocar, el movimiento punk empezaba a desaparecer sobre todo en el Reino Unido, adoptaron la misma estética y estilo musical. Fueron acosados (y acusados) por intentar escuchar la música de AC/DC, Metallica, Led Zeppelin, y otros grupos a los que el régimen cubano consideraba como degenerados, capitalistas, y otras zarandajas.

También hay una versión en español, emitida por Radio Ambulante, que lo titula “Los sobrevivientes“.

Lo dramático, y a su vez interesante y humanamente triste, es que muchos de aquellos jóvenes descubrieron que si adquirían una enfermedad, el VIH, que en aquellos tiempos estaba diseminándose por todo el mundo, Cuba incluida, el régimen los ingresaba en unos centros sanitarios, los llamados sanatorios. En aquellos sanatorios, esos músicos, unos “desviacionistas” según la terminología oficial, podían disfrutar de total libertad para tocar su música, vivir su vida de la manera que más les gustaba, alimentados y recibiendo unos cuidados médicos. Para lograr ser admitidos en esos sanatorios, muchos de ellos se contagiaban la infección, compartiendo jeringuillas, e incluso intentando transfusiones.

Muchos llegaron a considerar que infectarse era una marca que identificaba su pertenencia a los frikis. En uno de los testimonios se dice que entre ellos se afirmaba que “si quieres ser rockero tienes que infectarte”. Seguro que podríamos estudiar la transmisión del VIH a través de las redes sociales, porque la situación de clandestinidad en la que vivían estos músicos permitiría trazar las posibles vías de infección.

Sin embargo, la historia de los frikis no es solo interesante por eso, sino por la ignorancia casi absoluta de lo que la infección podía suponer para la vida de esas personas. El podcast hace un interesante recorrido sobre los cambios políticos mundiales ocurridos en aqullos años: la caída del Muro, desmembramiento de la Unión Soviética, y el cese en la ayuda de la URSS a Cuba. Ello llevó a Cuba a un profundo aislamiento informativo; los ciudadanos no eran conscientes de la importancia de la infección por el VIH, y el régimen trataba de ocultarlos, encerrándolos en esos sanatorios.Y los infectados vivían alegremente porque, por un lado eludían la prisión, y por otro lado, porque la mayoría de los que allí estaban internados compartían su pasión por aquella música.

Pero pronto descubrieron que aquella infección no los liberaría de una realidad opresiva. A los pocos meses empezaron a conocer lo que la enfermedad producía, y su destino fatal. La historia, tal como la relatan los pocos testigos que aún sobreviven, tiene un tono melancólico. De un lado, porque el ingreso en los sanatorios era una oportunidad frente al “Socialismo o muerte” que Fidel Castro lanzaba al terminar sus discursos. Pero de otro lado, porque los frikis y su alegría se borró hace tiempo, sin que nadie los recuerde.

Radio Ambulante y Radiolab han preparado un video con los testimonios de dos frikis, Yohandra y Gerson.

P.S. El libro “Al son del punk“, de Josu Trueba recoge fotografías de algunos de aquellos frikis.

Esta entrada fue publicada en bioestadística, salud y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *