El diseño de una presentación científica

Estamos acostumbrados a pensar que un científico, al presentar sus investigaciones, solamente se tiene que preocupar por exponer sus hallazgos. Solemos verlo como un “transmisor”, no como un “comunicador”.

Pero si quieres conseguir que tu trabajo sea apreciado y reconocido, no te puedes limitar al primer rol; debes convertirte activamente en lo segundo. Y ¿cómo se consigue? En este comentario NO voy a decirte cómo, pero te daré algunas orientaciones. Pero a veces es mejor decir aquellos que debes evitar, o lo que es igual, lo que NO debes hacer y así lo haré también.

1. El principio del principio

Lo primero es que tienes que elaborar un mensaje nítido de lo que has conseguido. ¿Fácil? Bueno, no tanto. Estamos tan inmersos en nuestro trabajo que en la mayoría de las ocasiones, nuestras exposiciones son extensas, embrolladas, distantes. ¿Y cómo conseguirlo? Es mejor entender que este principio es un proceso, no un destino. Prueba a eliminar elementos, hasta que llegue un momento que el texto deje de tener sentido.

Un buen ejemplo de esto se puede ver en las publicaciones originales sobre la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN). En 1953, la revista Nature publicó varios artículos sobre este tema de investigación. Uno de esos artículos estaba firmado por Rosalind Franklin, que un año antes había obtenido una imagen de difracción por rayos X de esa molécula, la llamada fotografía “p51”.

Esa misma fotografía se la habían mostrado a dos investigadores de la Universidad de Cambridge, Watson y Crick, que también publicaron un artículo en ese mismo número. El primer párrafo de ese artículo dice así:

Nos gustaría sugerir una estructura para la sal del ácido desoxirribonucleico (A.D.N.). Esta estructura tiene unas características novedosas que son de un considerable interés biológico.

Con pocas palabras le anunciaban al lector un hallazgo novedoso, algo que podía tener una gran importancia para el avance de la ciencia. Y eso incitaba al lector a seguir leyendo. Dos frases, y la magia se había creado.

A modo de comparación, ¿cómo empezaba el artículo firmado por Franklin?

Aunque las propiedades biológicas del ácido nucleico deoxipentosa sugiere una estructura que tiene una gran complejidad, los estudios de difamación de rayos X que aquí se describen muestran que la configuración molecular básica tiene una gran sencillez. El propósito de esta comunicación es describir, de una forma preliminar, algunas de las evidencias experimentales de que la configuración de la cadena de polinucléotidos es helicoidal, y existe en esta forma cuando se encuentra en un estado natural.

La descripción es técnicamente correcta, indica lo que va a presentar. Se puede decir que incluso da más detalles que el primer párrafo de Watson y Crick. Pero carece del entusiasmo del primero. Al lector de este artículo le podrían mencionar cualquier otra molécula, y el tono habría sido muy parecido. La longitud de cada frase es comparativamente mayor que la de cada una de las frases del otro artículo..

Para muchos, la concesión del premio Nobel a Watson y Crick, pero no a Wilkins, fue injusta. Es bastante probable que en ello influyera una actitud discriminatoria hacia las mujeres científicas por parte del establishment científico y académico. Pero el mayor reconocimiento de los dos investigadores también se puede explicar porque ellos supieron comunicar mejor su interpretación de aquellos resultados.

2. El científico es un diseñador

Tenemos la idea de que el diseño es algo reservado a los elementos de nuestra vivienda, de nuestro automóvil, etc. Si acaso, cuando se habla de diseño a un investigador, lo relaciona con la forma en la que ha organizado su estudio, el diseño de la investigación. Pero cuando se trata de la presentación de unos resultados, pensamos que el diseño se refiere al uso de las plantillas de Powerpoint, los efectos que hacen que el texto parpadee, entre otros.

Conseguir una definición de qué es el diseño de un trabajo científico es difícil. Podemos decir que:

El diseño trata de determinar qué impacto quiere tener el autor sobre la audiencia y entonces establecer la mejor forma de conseguir ese objetivo.

Si algo está bien diseñado, el diseño es invisible; el producto final parece obvio, inevitable, natural.

Pero podemos decir qué cosas NO entran del diseño:

  • El diseño no es decoración
  • El diseño no es una acumulación de imágenes clp-art (esas imágenes que vienen en la galería de los programas como Word o PowerPoint).
  • El diseño no es la inclusión de una imagen muy atractiva, pero que no tiene relación con el contenido.
  • El diseño no es usar tipos de letras en una diversidad de categorías, combinando fuentes y colores.
  • El diseño no es poner efectos de transición en las diapositivas.
  • El diseño NO tiene que llamar la atención.
  • El diseño no es un medio que tiene el autor para demostrar lo bien que maneja un programa.
  • El diseño no es la capacidad para incluir el mayor número de imágenes posibles en una diapositiva.
  • El diseño no es pasividad. No es la aceptación de las configuraciones preestablecidas en el software que usemos, aplicando las plantillas del programa o copiando el estilo visual de otro autor.
    El diseño no es algo que se interpone entre tus resultados y la audiencia con la que te quieres comunicar.

3. Abraza la sencillez

Los ejemplos anteriores subrayan una característica de las malas presentaciones: la complejidad. Desde luego, cualquier trabajo científico trata con fenómenos complejos, pero eso no tiene que implicar que su presentación también sea complicada.

El genio de una buena presentación suele tener que ver con lo que se deja fuera que con lo que ponemos dentro. Es fácil añadir más y más detalles, resultados, elementos visuales, y discusiones en un trabajo científico o en una presentación. Es mucho más difícil sustraer, eliminar deliberadamente elementos que no añaden mucho valor al trabajo.

Una presentación sencilla no tiene que ser sinónimo de una presentación aburrida. La sencillez no se debe confundir con la simplificación; cuando se simplifica, se desestructura el trabajo que se presenta, porque se han omitido elementos fundamentales para entender sus resultados.

¿Dónde está el límite? El autor tiene que buscar el equilibrio entre la complejidad y la simplicidad, y el punto de equilibrio es la sencillez. Para llegar a ese punto, el autor tiene que saber eliminar todo aquel contenido superfluo, pero cuidando que el trabajo mantenga su espíritu. No hay reglas sino principios.

Esta entrada fue publicada en educación, presentación y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *