El tiempo en las presentaciones del TFG

1. Una historia casi real

Te vas a enfrentar a un dilema importante. Durante varios meses te has esforzado, trabajando para diseñar una técnica, o para elegir a unos pacientes a los que tienes que estudiar, o cualquier otra tarea que te haya indicado el tutor. Has analizado tus resultados, has preparado un sinfín de tablas, gráficos, diagramas, fotografías, etc.

Y naturalmente, quieres contar todo lo que tienes en tu presentación al tribunal. Tienes que demostrarle lo mucho que sabes y lo mucho que has trabajado. Pero … solamente tienes 10 minutos para exponer el trabajo. Naturalmente, piensas que cuando el tribunal conozca tus resultados, se va a quedar impresionado y no va a reparar en esa tontería del tiempo. Seguro que si te pasas algunos minutos no les va a importar.

Te has aprendido de memoria tus diapositivas, y sabes recitarlas en tu cabeza. Sabes lo que vas a decir. No lo has ensayado, pero en clase, cuando has expuesto algún trabajo has sabido hacerlo.

Pero te ha tocado actuar en quinto lugar. La primera compañera en intervenir se ha pasado 5 minutos del tiempo, el segundo,  14, … Cuando llega tu turno, lo haces una hora más tarde de lo previsto. Las caras de los miembros del tribunal, que al principio parecían bastante atentos, han cambiado a una actitud ausente, y en algún caso somnolienta.

Empiezas tu exposición. Has conseguido comprimir tu trabajo solamente en 32 diapositivas. La primera diapositiva, con un elegante fondo, al que has añadido un sonoro efecto en el que la imagen de un pez cruza el plano, a la vez que se acompaña de un sonido burbujeante, te ha llevado varias horas. Esperas unos segundo para ver como impresionas a todo el mundo, …, pero los del tribunal siguen haciendo sus anotaciones en el trabajo, mirando el móvil, …

En ese momento, una persona entra en la sala y se dirige al tribunal. Te quedas un poco pillada. Esa persona y el presidente cuchichean sobre no sabes que. El presidente asiente. La persona vuelve sobre sus pasos y abre de nuevo la puerta. Intentas reanudar la exposición, pero el presidente te dice tajantemente: “Se nos acaba el tiempo. Por favor, lea las conclusiones”. Sigues tu exposición donde la habías dejado. Y el presidente, ahora mucho más seco, y con cierta irritación, te recalca: “Olvídese del resto. Lea simplemente las conclusiones”. Y tu mente se precipita al abismo.

2. El tiempo es nuestro amigo

La escena anterior no es real, pero se parece bastante a la que una y otra vez se produce en la presentación de muchos trabajos y proyectos. El desprecio por los límites del tiempo se produce porque no se suele valorar su importancia, y además porque solemos pensar que cuanto más (hablemos), mejor (resultado) obtendremos.

Pero no es así. Las limitaciones del tiempo se pueden convertir en nuestra mejora guía para seleccionar mejor lo que tenemos que decir. Piensa en lo que te ocurre cuando te sientas en el aula a escuchar una clase; prácticamente, tu atención no se alarga más allá de unos 10-15 minutos. A partir de lo que se ha medido en muchos estudiantes universitarios y no universitarios, nuestra capacidad de atención continuada es relativamente corta, unos 10-15 minutos. Y eso, cuando nos interesa algo.

Por eso, cuando prepares tu presentación, hazlo pensando en los límites que te han indicado. Si los respetas, e incluso la recortas un poco por debajo, sin lugar a dudas te ganarás el respecto del tribunal. ¿Por qué? Pues porque habrá comprobado que has respetado la norma (eso es importante) y además no le habrás dado tiempo a que desconecten.

El gran actor Dani Rovira nos dio un buen ejemplo de todo lo que se puede contar en un minuto, durante la gala de los premios Goya. Su intención era caricaturizar a esos premiados que suelen dar “discursitos” poco afortunados al recibir un premio. Pero sirve también para ilustrar lo que comentamos. Y aunque no lo creas, la preparación de ese sketch le debió llevar unas cuantas horas. ¡La brevedad no se improvisa!

En la historia imaginaria que contaba al principio, cada vez que había un cambio de presentación, el tribunal podía tomar un respiro y recuperar su atención. Pero también, de forma reiterada, después de unos minutos, el tribunal empezaba a “desconectar”. Por esa razón, si te ajustas al tiempo, reducirás las posibilidades de que se aburran.

3. La cuenta regresiva

Tienes que prepararte para la exposición. Pero en vez de ensayarla desde el principio al final, deberías hacerlo al revés. Si lo más importante son tus conclusiones, deberías contarlas al comienzo. Y así, de esta forma estarás mucho más relajada, porque has dicho lo importante, y aunque te corten, podrás salir con buen pie de este lance.

Sin embargo, la mayoría de nosotros no usamos esa manera de presentación. Preferimos ir de principio a fin. Para ensayar, muchas veces usamos un cronómetro, que ponemos en marcha al empezar y paramos cuando hemos acabado la exposición. Pero este sistema no nos orienta para qué debemos acortar en nuestra exposición.

Por eso te recomiendo cualquier dispositivo que te permita medir el tiempo hacia atrás. El minutero de cocina es uno de esos dispositivos. También puedes encontrar dispositivos de este tipo en muchas aplicaciones del teléfono móvil, o en internet. ¿Cómo lo debes usar? Programa el tiempo de la exposición, y ponlo en marcha cuando empieces. Cuando pase el tiempo y suene la alarma, debes detener inmediatamente tu exposición. Y debes revisar dos aspectos:

a) Qué partes de tu exposición no podrías exponer si el tribunal no te permitiese seguir. Comprueba si lo que quedaría por exponer es importante o no. Porque si lo fuera, no habrías podido presentarlo. Y si no lo fuera, ya sabes que lo puedes suprimir porque no te va a dar tiempo.

b) Aquello que si te ha dado tiempo a exponer y que te ha consumido todo el tiempo disponible. ¿Contiene lo fundamental de tu trabajo, de tus resultados y de tus conclusiones? Si no fuera así, tienes que trabajar para eliminar aquello que sea secundario, y que te roba tiempo a lo más importante.

Si sometes tu presentación a varias sesiones usando estas cuentas regresivas, podrás conseguir que tus diapositivas se ajusten mucho mejor al tiempo que te conceden, sin riesgo de no contar lo que realmente quieres contar.

4. La sencillez y la creatividad

Piensa que los miembros del tribunal escuchan trabajos con diferentes objetivos, métodos, etc. Nos gusta pensar que la Ciencia es algo complicado, que no está al alcance de cualquiera. Y por eso, a muchos nos gusta incluir una gran cantidad de información en cada diapositiva. Demostramos así que dominamos un conocimiento complejo, difícil de adquirir.

Pero aunque no te lo parezca, lo contrario es mucho más cierto. Quiero decir, que la capacidad para exponer una idea de una manera simple exige un esfuerzo intelectual muy importante. Te recuerdo aquello de “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Una referencia cronológicamente mucho más cercana a nosotros es la del músico de jazz, Charles Mingus, que dijo

Hacer que lo sencillo sea complicado es habitual, pero hacer que lo complicado sea simple, extremadamente simple, eso es creatividad.

Debes trabajar para conseguir extraer los elementos fundamentales que permitan a cualquiera (y principalmente a los miembros del tribunal) entender tu trabajo y qué es lo que aporta. En uno de los talleres, un estudiante comentó que si al presentar su trabajo lo hacía muy simple, eso podría hacer que pareciese que el trabajo no era importante. Es lógico que se tenga ese miedo. Pero de lo que aquí hablamos es de la exposición de los resultados ante una comisión que lo valora. No se refiere al contenido en si del trabajo, ni de las ideas que contiene.

Elimina lo superfluo y busca lo esencial. No es fácil, pero eso es lo que puede hacer que tu presentación se diferencie de otras.

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