Como no hacer un MOOC

Internet permite difundir información de forma masiva. Pero desde hace algún tiempo, también estamos viendo la posibilidad de proporcionar formación masivamente. Son los llamados MOOCs o Cursos Online Masivos Abiertos. Numerosas universidades se están uniendo a este tipo de iniciativas, y ofertando cursos.

Como idea para ampliar la “clientela” académica es algo bastante innovador. El estudiante se inscribe y hace el curso de forma gratuita, realizando todas las actividades sin pagar un euro (en realidad, un dolar porque la mayoría están realizados por universidades norteamericanas). Si el alumno quiere que se le expida el diploma, entonces es cuando paga. A primera vista, el negocio no parece muy beneficioso para la universidad, pero aquí entra en juego las dimensiones “masivas” de esta clase de iniciativas: si en un curso se inscriben 100.000 (si, cien mil) personas, con que paguen solamente el 1% de los inscritos, ya se obtiene una ganancia superior a la que se suele obtener en la mayoría de nuestras asignaturas, y esto pensando en universidades con más de 20000 estudiantes, que en España no son tantas.

Como experiencia para mis enseñanzas me he inscrito en varios cursos en los últimos meses en distintas iniciativas MOOC. Mi propósito no era tanto el de adquirir nuevos conocimientos como el de vivir (o padecer) la experiencia de un alumno de un curso online. En la pionera, Udacity, me inscribí en un curso sobre estadística, y en el que he comprobado que se aplican los principios de la enseñanza con bastante ingenio. Por otro lado, Harvard y el MIT lanzaron la iniciativa edX, y he realizado un curso combinado de epidemiología y estadística. Me “aproveché” de una oferta de lanzamiento y he conseguido que me otorguen un certificado de realización

Certificate

Otro día hablaré de las lecciones que saqué de ese curso, desde el punto de vista de la pedagogía empleada, aunque reconozco que he tenido la oportunidad de estudiar temas desde un punto de vista nuevo.

Pero uno de los MOOCs más publicitadas es Coursera. Y he tenido la oportunidad de sufrir/disfrutar una experiencia frustante, de la que intentaré sacar alguna lección. Entre otros cursos, me inscribí en “Fundamentals of online education: planning and aplication”. El título, el syllabus y el c.v. de la profesora eran bastante atractivos. El curso empezó el 28 de enero, y dos semanas después se interrumpió.

El motivo, aparente, es que el curso había muerto de éxito. Nos habíamos inscrito varias decenas de miles de personas, y ese número no era manejable tal como estaba concebido el curso. Las actividades en equipo se saturaron, las consultas no se contestaban a tiempo, los procedimientos para asignar a los participantes a los distintos equipos no funcionaban correctamente. Lo paradójico es que me inscribí, y pienso que otros como yo, precisamente para conseguir que mis cursos estuvieran diseñados de modo mucho más ajustado a lo que es enseñanza online. Y así evitar este tipo de fracasos.

He pensado un poco sobre las lecciones que podría sacar de esa experiencia. Los siguientes comentarios son mi visión del problema, y cómo se deben evitar. Alguna que otra persona ha comentado sus experiencias en su blog, y son muy interesantes. Pero las que propongo a continuación las pensé antes de toparme con esos comentarios. Buenas o malas, son mis ideas.

  • Piensa a lo grande, diseña a lo grande.

El número de alumnos condiciona la forma de realizar actividades. Por ejemplo, una actividad como puede ser una discusión entre compañeros, si se quiere programar para decenas de miles de personas, se tiene que formular de una manera distinta a como se hace con un grupo de 10-20 personas. En el primer caso, hay que fragmentar, o plantear que los comentarios se encadenen de una forma que permita que todos aporten, pero sin inundar las herramientas de comunicación. En las primeras horas del curso, había miles de mensajes, lo que hacía imposible que uno pudiera leer ni tan siquiera los encabezados en un tiempo prudencial.

  • Probar en pequeña escala, pero controlando en la gran escala.

Los responsables del curso propusieron un sistema por el que cada estudiante elegía el equipo en el que quería participar. El procedimiento consistía en que se accedía a una hoja de cálculo y se anotaba el nombre en uno de esos equipos constituidos. 

Con pocos estudiantes, el sistema es flexible, abierto, y cómodo. Pero cuando se pasa a la gran escala, y sin nadie que controle las actividades de los estudiantes, el sistema se desmadra. Los estudiantes suprimían los nombres de otros; había quien se dedicaba a crear nuevos equipos, en los que se apuntaba gente que ya estaban en otros. En mi caso, creo recordar que me llegué a anotar en tres ocasiones en distintos equipos, y las tres veces me eliminaron, o creo que así fue, porque mi nombre no aparecía en ninguna lista.

  • Elimina, no cambies.

A medida que iban apareciendo problemas, los organizadores iban proponiendo nuevos sistemas de elección, que volvían a fallar. Hubiera sido mejor suprimir las actividades de equipo, antes que enfrentarse a nuevos sistemas.

  • Contesta, contesta, …

Durante varios días, los responsables del curso no dieron señales de vida. Cuando se lanza una iniciativa online, hay que hacer acto de presencia con suficiente asiduidad. Y no basta solamente con enviar mensajes genéricos sobre “el gran interés que ha despertado el curso y el entusiasmo de los alumnos”. Los estudiantes plantean problemas y quieren respuestas con cierta rapidez.

La retroalimentación es indispensable, y tiene que ser lo más inmediata posible.

  • No cuentes, actúa.

Una parte importante del curso consistían en videos en los que la instructora, tras aparecer algunos segundos, se limitaba  a leer una serie de diapositivas de Powerpoint, con texto, mucho texto. La imagen, si se usa, tiene que convertirse en algo dinámico. Si solamente se usa la voz, para eso es mejor un podcast. O un texto con los contenidos.

Siempre pienso en los anuncios en TV de productos farmacéuticos. Ya se trata de un antigripal o de una crema para la hemorroides, los publicistas plantean una escena, en la que se cuenta una historia. Sin embargo, al final tienen que incluir esa retahila de que los medicamentos los tiene que indicar el médico, que el farmacéutico, que bla, bla, bla. Si uno se fija, la primera parte nos parece de la misma duración que la segunda. Y no es cierto, sino que la segunda se nos hace muy, muy aburrida.

Mi experiencia es que viendo un video formativo, a partir de los 3-5 minutos, el aburrimiento es importante. Parece que no se piensa que mirando una imagen, el tiempo se nos hace largo, muy largo, a no ser que haya algo que nos vaya llamando la atención. Para ello nada mejor que contar historias. Recordemos los anuncios de TV, que lo consiguen en 30 segundos. ¿Por qué no pensamos en eso cuando le leemos a nuestro estudiantes en voz alta lo que ellos pueden leer de un documento? ¿Por qué no planteamos pequeñas historias que le ilustren un punto concreto?

  • Nosotros tenemos que cambiar, no los estudiantes.

Es una impresión subjetiva, pero creo que muchos profesores que entran en el diseño de este tipo de cursos no han hecho el proceso de transformación intelectual, que los ponga ante un horizonte distinto al de los cursos presenciales con pocas decenas de estudiantes. Las dinámicas de trabajo son distintas, las relaciones que se establecen entre los participantes también son distintas, etc.

El desajuste entre una visión y la otra conduce a que alguien sienta fracasado. En otro curso de Coursera, un profesor de Economía, y responsable de su contenido, ha decidido abandonar el curso, aunque el curso sigue con otro profesor. El motivo de su decisión parece que ha sido que no aceptaba comentarios superficiales de los estudiantes. No voy a discutir si tiene o no motivos, pero creo que parte del problema proviene de que en un curso de esta naturaleza, el comportamiento de los alumnos se valora a través de las expresiones. Y para ello tenemos que darles normas de qué es admisible y qué no lo es.

Insisto. Los profesores tenemos que cambiar nuestra manera de pensar sobre la forma de enseñar. Si no hacemos esa transformación, nos frustraremos nosotros, y causaremos insatisfacción en los estudiantes.

Para concluir, una conferencia pronunciada por una de las iniciadoras de Coursera, Daphne Koller, en la que habla sobre lo que la enseñanza online nos puede proporcionar.

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5 respuestas a Como no hacer un MOOC

  1. Pingback: Como no hacer un MOOC | Malditas mentiras, … y estadísticas | ABC de mi PC

  2. Alfonso dijo:

    Hola,

    Quería expresar mi gratitud por expresar y compartir sus experiencias con MOOC’s. Sin lugar a dudas nos servirá para quienes empezamos a trabajar entorno a este fenómeno.

    Un cordial saludo y GRACIAS!!!

    Alfonso del Río

  3. Alfonso,
    Gracias por seguir mi comentario. Tu interés me hace pensar que se debería reflexionar acerca del diseño de este tipo de cursos. Un curso online, dirigido a grupos pequeños, se tiene que gestionar de una forma distinta a como se hace con un curso presencial. Igualmente un curso MOOC se debe diseñar y gestionar de un modo específico, quizás con otros objetivos y forma de evaluación que un curso online convencional.
    Me parece que es una linea interesante para quien se quiera dedicar a reflexionar sobre ello y a promover esta forma de enseñanza.

  4. Excelente exposición de las fragilidades del MOOC, lo correcto es basarse en tecnologías robustas aún cuando se prediga un público discreto, nunca se sabe…

  5. Alejandro,
    Gracias por tu comentario. Pero, ¿a qué te refieres cuando hablas de un público “discreto”?

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