Formas de aprendizaje en el aula

Acabo de conocer una nueva herramienta de Twitter: las encuestas. Y he aprovechado que voy a empezar un nuevo cuatrimestre, para hacerle mi primera encuesta a los estudiantes del Grado en Óptica y Optometría.
La pregunta y el resultado son los siguientes:


Aunque la representatividad de estas encuestas puede ser más que cuestionable, me sirve para discutir con los estudiantes cómo enfocar el aprendizaje, en general, y de mi asignatura en particular.

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Al final del cuatrimestre

Hoy he impartido mi última clase del cuatrimestre. Junto con la primera del cuatrimestre, son clases en las que no creo que deba impartir contenido. Mientras que en la primera trato de entusiasmar a los estudiantes, en la última lo que pretendo es que reflexionen.

Mi estado de ánimo coincide con lo que pretendo en esas clases. En la primera, tengo la esperanza y la ilusión de lo nuevo. En la última, me siento un poco melancólico. Además, nunca estoy seguro de que los estudiantes compartan esos propósitos.

En esta última clase, me gusta leerles el siguiente fragmento de la Autobiografía de Eintein:

“He de decir[…] que en Suiza sufríamos menos que en muchos otros lugares bajo esta coerción que asfixia el verdadero impulso científico. En total había sólo dos exámenes; por lo demás, podía hacer uno más o menos lo que quisiera, especialmente, como era mi caso, si contaba con un amigo que asistía regularmente a clase y elaboraba a fondo los apuntes. Esto le daba a uno libertad en la elección de sus ocupaciones hasta pocos meses antes del examen, libertad de la que yo gocé en gran medida y a cambio de la cual pagaba muy a gusto, como mal muchísimo menor, la mala conciencia que acarreaba.”

Albert_Einstein_Head
¿Hay diferencias entre lo que se veía en las universidades en aquellos tiempos y lo que ocurre actualmente? Lo que Einstein contaba de sus años universitarios sigue ocurriendo en nuestros días. Muchos estudiantes apenas pisan las aulas, y su preocupación es tener lo más completa y actualizada posible su colección de apuntes. Cualquier cambio que introduzca el profesor con respecto a lo que había dicho es visto como una trampa.

La exposición no produce aprendizaje

Y sin embargo, muchos profesores siguen pensando que su obligación es transmitir lo que saben a sus estudiantes. Algunos, con una actitud pesimista, se empeñan en demostrarle a los estudiantes lo poco que saben.

Pero son la excepción, y la mayoría piensa que exponiendo los contenidos, los estudiantes pueden aprenderlos haciendo el necesario esfuerzo de memorización y comprensión. Esta metodología sigue el modelo de los “documentales de la 2”. Es decir, se trataría de dar una cantidad más o menos grande de información, esperando que el espectador-estudiante absorba todo el contenido.

Sin embargo, lo que las evidencias científicas nos dicen es que solamente cuando a los estudiantes se les desafía intelectualmente, teniendo que aplicar conceptos, ideas, técnicas, etc.

Alguien puede pensar que eso es lo que se ha hecho toda la vida con las relaciones de problemas, en materias como las matemáticas, la física, etc. Pero lamentablemente, esos problemas generalmente no corresponden a situaciones cercanas a la realidad. Por otro lado, esos problemas lo que consiguen es que los estudiantes aprendan una “mecánica” para resolverlos. Y cuando la aprenden, solamente se tienen que limitar a aplicarla, adaptándola ligeramente a las condiciones del enunciado.

Por otro lado, hace 150 años, cuando Einstein era estudiante, la cantidad de información a la que una persona normal podía acceder era pequeña. Los libros eran caros, las tiradas cortas, había un número pequeño de traducciones. Pero hoy en día ocurre todo lo contrario. Cualquier estudiante puede acceder a una inmensa cantidad de información, a la que además accede de forma inmediata. Si durante mucho tiempo se ha dicho aquello de repetir lo que ya viene en los libros, actualmente es incuestionable que esa no debe ser justificación para que un profesor se limite a exponer los contenidos solamente.

Tenemos que cambiar el desarrollo de las clases, para convertirlas en oportunidades de aprendizaje. ¿Cómo hacerlo? Buena pregunta. Desde luego, la transformación no consiste en elaborar unas presentación en Powerpoint, repletas de efectos y elementos gráficos. Debemos cambiar el centro del aula, para que pase del profesor al estudiante.

2. El “examen” es una forma incompleta de evaluación

La frase preferida por algunos profesores es aquella de que “… no puedo consentir que un estudiante pase de curso sin que se sepa …” lo que sea. El “saberse algo” es sobreentendido por la mayoría como que el estudiante sepa reproducir con mayor o menor fidelidad lo que el profesor considera necesario. En algunos casos, se trataría de definiciones, en otros casos, la enumeración de contenidos.

En mis tiempos de estudiantes tuve que “grabarme” muchos de esos “no puedo consentir”; por citar algunos que me vienen a la memoria: los límites del triángulo de Scarpa, el tratamiento médico de una crisis psoriásica, los mecanismos etiopatogénicos del ulcus gastroduodenal, o el diagnóstico diferencial anatomopatológico entre la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Con respecto a esta última, años después me enteré que los gastroenterólogos consideraban a esas dos enfermedades como en realidad una misma entidad. Esas supuestas diferencias que aquellos profesores “… no podían consentir” que no supiéramos habían quedado desterradas. Afortunadamente en mis circuitos neuronales, aquellas diferencias habían durado algunas horas después del examen.

Porque eso es lo que ocurre cuando la evaluación o valoración se hace con un mero examen. Lo que un estudiante ha aprendido se borra rápidamente de su memoria. Algunos incluso tienen una frase para ello: “Materia examinada, materia olvidada”.

La evaluación continua, ya sea con preguntas, actividades, etc, contribuye mejor a que el estudiante adquiera lo que el profesor se propone: conocimientos, habilidades, destrezas, etc. Si un profesor confía en que los resultados de una única prueba le van a demostrar si un estudiante conoce la materia, puede equivocarse en gran medida.

Sin embargo, existe la opinión, muy extendida entre los profesores universitarios, de que la evaluación continua es una forma “infantil” de evaluación, y que para evaluar a los estudiantes hay que ponerlos en la situación de que demuestren en una única oportunidad su aprendizaje.

Si acudimos a un símil deportivo, eso sería como determinar quién es el campeón de la liga jugando un único partido, o el campeón de la vuelta ciclista solamente por el resultado de una etapa.

3. La prueba MIR

Aún en el caso de que solamente tomemos como referencia los resultados de una única prueba, a los estudiantes se les debe entrenar en cómo enfrentarse a ella. Y además se le debe dar feedback. Como en el MIR.

La prueba MIR es la oposición que deben superar los médicos aspirantes a una plaza en formación de especialista. Al contrario de lo que se piensa, su objetivo no pedagógico, no pretende determinar los conocimientos de los aspirantes, solamente a clasificarlos, a ordenarlos, para facilitar la elección de la especialidad y de la plaza. Pero los médicos que se preparan la prueba MIR dedican una parte importante de su preparación a comprobar los resultados de los llamados “simulacros” o exámenes simulados. Cada una de esos simulacros le proporciona una información muy útil para determinar si ha conseguido un buen rendimiento o si tiene que volver a estudiar esos contenidos.

El modelo MIR es un buen ejemplo para ilustrar los beneficios de que “sondeemos” el aprendizaje de nuestros estudiantes. Aunque solamente sea para medir su capacidad de memorización, es conveniente que los profesores incorporemos este tipo de pruebas.

Dentro de unas pocas semanas se celebrará la prueba MIR, y como todos los años se volverá a abrir el debate sobre lo mal o bien que preparamos las facultades a nuestros estudiantes para enfrentarse a ese examen. Y entonces es posible que escriba alguna reflexión. Pero mientras tanto, este período de exámenes me deja un precioso tiempo para leer, escribir y especialmente, pensar.

Y espero que mis estudiantes no sufran demasiado con los exámenes “de toda la vida”.

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El XXII Congreso de Educación Médica

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El médico de Saint Exupery

Antoine de Saint Exupery

Le atribuyen al autor de “El Principito” la siguiente cita:

“Yo creo que llegará el día, en que el enfermo se abandonará a las manos de los
médicos. Sin preguntarle nada, estos médicos le extraerán sangre, calcularán
algunas variables, multiplicarán unas por otras, curarán a este enfermo con sólo
una píldora. Sin embargo, si yo caigo enfermo, me dirigiré a mi viejo médico de
familia. Él me mirará en el ángulo del ojo, me tomará el pulso, me palpará el
vientre, me auscultará. Después toserá, prenderá su pipa, se frotará el mentón, y
me sonreirá para calmar mi dolor. Desde luego yo admiro la ciencia, pero también
admiro la sabiduría”.
Antoine de Saint Exupery. París, Abril de 1936

Desconozco el origen de la cita, pero la he escuchado recientemente en una conferencia sobre el profesionalismo. Dejando a un lado que hoy consideramos poco aceptable que el médico sea fumador, aunque los sigue habiendo, lo más interesante de la escena que retrata este escritor es la dualidad entre el médico tecnólogo y el médico que asiste.

Resolver esta dualidad, la de proporcionar lo mejor que técnicamente la Medicina pueda proporcionar y al mismo tiempo, y al mismo tiempo, reconocer que el enfermo no es un coche al que solamente le tenemos que cambiar las piezas deterioradas, es quizás el dilema más importante al que se enfrentan los educadores médicos.

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Elogio de la inocencia

En nuestro mundo académico, uno de los peores insultos que nos puedne dirigir es llamarnos ignorantes. En el concepto más extendido, el conocimiento consiste en acumular información. Y la ausencia de ella, la ignorancia, la concebimos como algo negativo.

Acabo de recibir un ejemplar de “Ignorance“, un libro que es una reivindicación del desconocimiento como motor del progreso de la ciencia. El autor es Stuart Firestein, profesor de neurociencias en la prestigiosa universidad de Columbia, en Nueva York (Estados Unidos). Digo esto para que nadie pueda pensar que es la obra de un outsider, de un resentido contra el sistema; por el contrario, el autor cumple con creces los cánones para considerarlo un académico prestigioso.

El libro recoge sus reflexiones en relación con una asignatura que imparte, y que lleva el mismo título. Firestein comenta que a la vez que esta asignatura, imparte otra más convencional sobre neurofisiología, que usa como libro de texto un compendio de unas 1400 páginas. El autor comenta que sus estudiantes piensan (equivocadamente) que si estudian todo el contenido de ese compendio serán capaces de saber todo lo que hay que saber sobre el cerebro humano. Por el contrario, en la asignatura sobre la ignorancia, los estudiantes descubren todo lo que queda por conocer sobre este y otros campos de la ciencia humana.

¿Podemos saber lo que no sabemos? Entraríamos en un juego de paradojas si intentasemos contestar a esa pregunta. Lo que si parece sensato que aceptemos reconocer a la ignorancia como un elemento más para avanzar en la ciencia. Richard Proctor, profesor de la Universidad de Stanford, ha acuñado una nueva expresión, la agnotología, para referirse al estudio sistemático de lo que ignoramos para orientar la investigación.

¿Sería posible plantear una asignatura sobre la ignorancia en alguna universidad española?  ¿Estarían dispuestos nuestros alumnos a someterse a una disciplina en la que es más importante demostrar lo que se desconoce que ser capaz de regurgitar lo que se lee en los tratados enciclopédicos que recomendamos a nuestros alumnos? Quiero pensar que si, que se podría hacer, aunque el ambiente académico desde luego no lo propicia. Pero, y si ….

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Mis equivocaciones con la plataforma de enseñanza virtual … y como las he corregido

Como ya se anunció, he participado en una mesa redonda que tuvo lugar en la sesión para presentar las novedades de la plataforma de enseñanza virtual, Blackboard.
Aquí pongo las notas en las que me apoyé para mi intervención.

Creo que invitarme a hablar en esta jornada es un castigo justo, muy justo, justísimo a mis numerosas consultas al SOS sobre la el funcionamiento de la plataforma. Los organizadores han debido pensar que, después de tantas consultas, ahora me tocaba a mi devolver algo de lo aprendido en este tiempo. Uso el ordenador, pero no soy informático; soy profesor y enseño, pero no soy pedagogo; uso videos y sonido, pero no soy técnico audiovisual. Es decir, que no soy ningún experto, y lo que puedo puedo contar son mis errores, numerosos errores, usando la plataforma y como los he resuelto. Es difícil construir una teoría unificada del uso de la plataforma; mi presentación es una recopilación de viñetas e ideas sobre lo que hago con mis estudiantes.

Me he equivocado mucho porque he querido y quiero mejorar cómo enseño y como aprenden mis estudiantes, y me apoyo en lo que la plataforma me ofrece. Sin duda, se puede innovar sin la plataforma, sin tecnología. Pero también es cierto que esta tecnología nos proporciona un buen repertorio para que esta innovación sea más amplia y flexible.

He dicho que hablaré de como he intentado corregir mis errores. Mi catalogo es bastante amplio, y no lo digo con falsa humildad. Pero para esta ocasión he agrupado mis principales problemas en tres grandes grupos. Uno de ellos es el diseño del material; en un segundo grupo comentaré como interaccionar con el estudiante; y para acabar, trataré sobre algunos procedimientos de evaluación.

Diseño

La plataforma la tenemos disponible casi siempre. Nos parece que siempre podemos actualizar el material, revisar pruebas, publicar nuevos contenidos, etc. Pero aquí quiero contar mis reglas para trabajar, aprendidas dolorosamente a lo largo de estos años

1. Planifica, planifica y planifica

Es fácil subir el material. Pero no esperes hasta el último momento para hacerlo. Piensa con mucha antelación. Ten previsto el material con mucha antelación. Esto es especialmente importante cuando el curso es online.

Prepara el contenido y las pruebas fundamentales. Deja las secundarias para el último momento. Si cuando llega la fecha no la tienes preparada, omítelas y asegurate de que la siguiente unidad tiene ya el contenido necesario.

2. Estructura y divide el contenido

El estudiante tiene que encontrarse con un orden en los contenidos. En mi experiencia como estudiante de esos cursos MOOC, la organización y la previsibilidad de los contenidos era una característica muy importante para seguir en el curso. En muchos de esos cursos, la organización es en forma de semana 1, semana 2, etc. Cuando no existía una clara organización, el estudiante abandona fácilmente el curso.

En mi caso, divido los contenidos en cinco o seis unidades, que coloco en carpetas. La organización la presento para que aparezca secuencialmente, y trato de que ese orden sea conocido por el estudiante, mediante la información del programa.

3. Simplifica el contenido

El contenido para la plataforma no deben ser unos apuntes electrónicos. Hablando con mis estudiantes me di cuenta de que los documentos (en word o pdf) que ponía en la asignatura simplemente eran descargados y copiados en papel. Porque la lectura en pantalla es aburrida.
Pero lo que me hicieron ver es que una gran parte del contenido era redundante. Si quieres que la plataforma se convierta en un aliado, elimina y simplifica los textos hasta llegar a las ideas fundamentales.

4. Aprende como estudiante

Una experiencia que recomiendo a cualquiera es que se inscriba en cursos online en alguna de las grandes plataformas MOOC, como edX, Coursera o Udacity. Allí he aprendido muchas características que he incorporado a mis cursos. Pero lo que también he aprendido son muchos errores que debo evitar en mis cursos. Hablaré de algunos de ellos más adelante.

5. Todo puede fallar

Es una de las situaciones más angustiosa. Cuando la asignatura es presencial, y quieres usar contenido de la plataforma, ten previsto una alternativa por si hay algún problema para acceder a la plataforma. En los cursos online, modifica las fechas para entregar actividades.

6. No te desanimes

No esperes que todo sea perfecto al primer intento. Posiblemente las encuestas te rebajarán la puntuación. Pero piensa que eso ocurre en cualquier universidad. En un trabajo sobre asignaturas que habían cambiado del modo tradicional al blended en la Universidad de Harvard, en todas ellas bajó la satisfacción de los estudiantes.

Se recomienda que se hagan cuatro o cinco iteraciones del material hasta conseguir una satisfacción adecuada. Pasarás de la tragedia al triunfo, pero date tiempo.

Interacción

Al tratar del segundo grupo, os pido que pensemos en que ante una pantalla de ordenador, el estudiante tiene una actitud distinta a la que tiene ante un montón de hojas de papel con nuestros apuntes. Cuando estudia con el papel puede tocarlo, subrayarlo, dibujar, tachar, etc. Por eso le tenemos que proporcionar elementos para internacional con el contenido de la pantalla.

Hay una forma muy sencilla, que es la de intercalar preguntas con el contenido. Generalmente son de elección múltiple, y le dan al estudiante una oportunidad para revisar lo estudiado. Pero ahora quisiera hablar de tres herramientas que me ayudan a que el estudiante se implique en el aprendizaje con la plataforma.

1. Screencast

Soy de los que están contra Powerpoint. Me gusta la pizarra. Es mi herramienta para dar mis clases. Puedo exponer y escribir mis ideas a un ritmo adecuado para la atención de mis estudiantes. ¿Cómo puedo trasladar esa experiencia a la plataforma virtual? Afortunadamente, existen algunas app para usarlas en las tablets con las que puedo representar una explicación como si estuviera escribiendo en la pizarra.

La que uso se llama ExplainEverything, y se usa con iPad. Con ella puedo grabar una explicación mientras escribo los contenidos como si fuera una pizarra. Me tuve que comprar un pequeño micrófono para mejorar la calidad de la grabación. El resultado es muy artesanal, pero los estudiantes, cuando escuchan que es mi voz lo aceptan bastante bien.

Una vez grabado, genera un archivo de video que se puede subir a Youtube y luego insertarlo en los contenidos.

Es uno de los recursos que más satisfacciones me produce. Pero tengo que reconocerlo, le dediqué una cantidad de tiempo no despreciable. Estimo que por cada 10 minutos de grabación tuve que dedicarle tres veces más a preparar la grabación, corregirla, editarla y subirla a Youtube. Hay que planificar muy bien los contenidos, y dividirlos para que la duración no sea excesiva. No debe durar más de 5-8 minutos.

2. Clase virtual

La plataforma incorpora la herramienta Wimba Classroom. Con ella puedes impartir clases online a un gran número de estudiantes, sin que ellos se muevan de su casa. Me ha sido de utilidad para los cursos online, para mejorar la interacción con los estudiantes. Pero también ha sido de utilidad cuando he querido recuperar una clase para la que no encontraba hueco.

Tiene una versión móvil, que le permite a los estudiantes seguir la sesión a través de su móvil o de su tablet. Algunos estudiantes me han comentado que es la forma más cómoda que han tenido para atender a una clase. Está claro que tenemos que ir pensando en recurrir más a los dispositivos móviles.

El principal problema es asegurar que puedan conectarse los estudiantes. Al necesitar que se configure Java hay que darle con anterioridad las instrucciones a los estudiantes, y aun así, algunos no lo consiguen. Afortunadamente, las sesiones se pueden grabar y reproducir después.
Cuando se quiere usar, hay que planificar muy bien el contenido, preparar un powerpoint, y subirlo. Pero además hay que pensar en aprovechar las herramientas de comunicación, fundamentalmente el chat, para que los estudiantes nos hagan preguntas durante la sesión. También, y esto es importante, intercalo preguntas durante la sesión, para conocer si los estudiantes están comprendiendo el contenido.

3. Podcast

Esta última herramienta tiene mala suerte en la plataforma, al menos hasta ahora. No se ha activado hasta hace unos tres meses, y apenas la he podido usar. Pero tiene un gran potencial para “enganchar” a los estudiantes. Consiste en grabaciones de voz, que puedo hacer usando un micrófono. El profesor puede tratar muchos puntos: hacer aclaraciones, comentar asuntos de la clase. Y hablar es más fácil que escribir.

Al estudiante se le ofrece una información que puede descargar en su móvil y puede escuchar en cualquier momento, y no necesita encender el ordenador. Lo puede escuchar mientras pasea, o de vuelta a casa en el autobús, en el tren.

Si se graba en la plataforma, se pueden hacer grabaciones de unos 15 minutos, que corresponde a un archivo de 10 Mb. Pero aquí viene el problema la calidad es baja. Si se quiere, se puede grabar con una grabadora, editarla con un programa de sonido, como Audacity y luego subirla. Pero sin superar el límite.

Esto último lleva un tiempo, y no es algo que podamos hacer a diario. Pero puede que sea interesante publicar un episodio semanalmente o quincenalmente.
Pocos errores puedo relataros con esta herramienta, porque al no haberla tenido disponible hasta hace poco, apenas la he podido usar.

Evaluación

Por último comentaré mis experiencias con dos herramientas de evaluación. Aunque la plataforma contiene un buen repertorio de herramientas para llevarlas a cabo. Pero voy a de dos de ellas, porque sirven para pasar el control del aprendizaje a los estudiantes. Estas herramientas son los foros y las evaluaciones por pares.

1. Los foros

En casi todos los programas se pone una competencia que es la de que el estudiante desarrolle su capacidad para la comunicación. Pero casi ninguno diseña acciones para conseguirla.

Los foros, usados periódicamente, pueden contribuir a ello. La posibilidad de que las contribuciones puedan calificarse le dan un valor a los ojos de los estudiantes, pero rápidamente es superado por la idea de que su comentario pueden leerlo el resto delos compañeros.

Al ser una comunicación escrita, los estudiantes se preocupan por cuidar la expresión de sus ideas. ¿Los podemos usar para cualquier tipo de evaluación? No lo creo. Los foros son más adecuados cuando queremos valorar la capacidad para enlazar ideas, desarrollar argumentos, razonar. Si los usamos para evaluar conocimientos o resolución de problemas, posiblemente fracasaremos.

Pero los foros no son realmente útiles si no los usamos con regularidad. En mi asignatura, les propongo a los estudiantes un comentario en el foro por cada unidad o tema. Esto es, aproximadamente una vez cada dos semanas. Y la extensión no debe ir más allá de las 300 palabras.

Los comentarios se diseñan fácilmente, pero la evaluación puede ser un poco más tediosa si se quiere entregar un comentario a cada estudiante. La retroalimentación puede ser necesaria solamente en aquellos comentarios que son más interesantes que la media, o por el contrario, son de peor calidad.

2. Las evaluaciones por pares

Nunca pensé en esta forma de evaluación hasta que no la probé como estudiante en algunos cursos MOOC. Cada estudiante hace una actividad que luego la evalúan de forma anónima otros compañeros. Además, cada estudiante tiene que evaluar las actividades de otros compañeros, también de forma anónima.
Muchos pueden pensar que es una forma de que el profesor se ahorre trabajo. Quizás. Y habrá quien piense que los estudiantes se regalarán las calificaciones.
Y sobre los dos inconvenientes mencionados, este tipo de pruebas necesita de una cierta preparación, que sin ser compleja, tampoco es inmediata. Y con respecto a que los estudiantes se favorezcan, apelo a las evidencias empíricas, porque la distribución de las calificaciones es variada.

¿En qué casos he usado esta herramienta? Cuando se trata de estudio de casos, cuando y tengamos algunas respuestas tipo.

¿Y los inconvenientes? Por un lado, la necesidad de planificar muy bien los periodos de entrega y de evaluación. Si un estudiante falla en la primera parte, no puede participar en la segunda. Y si no participa en la segunda, recibe una calificación por su trabajo pero sin contribuir a la evaluación de otros.

Pero es más que eso, porque le traslada al estudiante una responsabilidad sobre su aprendizaje. Cuando hablamos de aprendizaje activo, también tenemos que pensar en la evaluación.

Conclusión

Espero que mis comentarios y experiencias puedan ayudaros a evitar errores y a desarrollar mejor vuestras enseñanzas con esta herramienta.
Pero lo que me parece más importante de todo lo que he dicho es que, aunque la plataforma sea muy útil, lo que debemos conseguir es que nuestros estudiantes consigan aprender.

Enlace al video con la intervención

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Versión 2015 de la plataforma de enseñanza virtual

Dentro de unas semanas, la Universidad de Sevilla tiene previsto actualizar la plataforma que usa para la enseñanza online y la semipresencial o blended. Para anunciar las novedades, el Servicio de Informática y Comunicaciones ha organizado una jornada el próximo 18 de junio.

En esa jornada han incluido una mesa redonda, en la que me han pedido que participe. Mi intervención se referirá a mi experiencia con algunas herramientas, como Wimba Classroom o el podcaster, pero también pienso contar los grandes errores que he cometido al diseñar mis contenidos en la plataforma.

Está previsto que se retransmita a través de la tv.us. Cuando tenga más información la publicaré.

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Aquellos frikis cubanos que cantaban canciones punk

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos es una cuestión diplomática que seguramente resultará muy interesante a los políticos, a los periodistas, y a los que se dedican a estudiar las relaciones internacionales. No me cuento entre los miembros de ninguno de esos grupos, pero ese cambio diplomático me interesa porque es muy posible que nos depare historias interesantes desde el punto de vista humano. Y una de esas historias es la de los frikis cubanos.

La palabra “friki” parece que ha entrado en nuestro vocabulario de la mano de la informática, y sobre todo de internet. Para muchos, la imagen de un friki corresponde a la de un informático (o estudiante de informática), aficionado a los videojuegos, y que pasa las 24 horas del día resolviendo problemas de código máquina, aporreando el teclado de su ordenador, o pasando de nivel pegado a los mandos de la videoconsola.

La Real Academia ha incluido la palabra en la última edición del Diccionario de la Lengua Española. Y establece que la etimología es la palabra inglesa “freaky”, y ésta a su vez proviene de “freak”, que significa “extraño”, “extravagante”. Para hacernos una idea muy gráfica de esta palabra podemos recurrir a la portada del albúm “Strange days“, de uno de los grupos más underground de los sesenta, The Doors. En la fotografía aparecen forzudos de circo, enanos, payasos, …

Portada de

Portada de “Strange Days”

Pero dejando a un lado el origen de la palabra, la idea de este comentario me surgió después de escuchar un episodio del podcast Radiolab, titulado “Los frikis“.  El episodio relata la historia de un grupo de personas que, allá por los años ochenta y noventa, intentaron adoptar un estilo de vida que se apartaba de lo que dictaba la ortodoxia del regimen castrista. Ellos mismos se dieron el apelativo de frikis. Sin embargo, su aspecto, indumentaria y peinado estaban más cerca de los punkies que de cualquier otra tribu urbana.

Aunque cuando estos músicos empezaron a tocar, el movimiento punk empezaba a desaparecer sobre todo en el Reino Unido, adoptaron la misma estética y estilo musical. Fueron acosados (y acusados) por intentar escuchar la música de AC/DC, Metallica, Led Zeppelin, y otros grupos a los que el régimen cubano consideraba como degenerados, capitalistas, y otras zarandajas.

También hay una versión en español, emitida por Radio Ambulante, que lo titula “Los sobrevivientes“.

Lo dramático, y a su vez interesante y humanamente triste, es que muchos de aquellos jóvenes descubrieron que si adquirían una enfermedad, el VIH, que en aquellos tiempos estaba diseminándose por todo el mundo, Cuba incluida, el régimen los ingresaba en unos centros sanitarios, los llamados sanatorios. En aquellos sanatorios, esos músicos, unos “desviacionistas” según la terminología oficial, podían disfrutar de total libertad para tocar su música, vivir su vida de la manera que más les gustaba, alimentados y recibiendo unos cuidados médicos. Para lograr ser admitidos en esos sanatorios, muchos de ellos se contagiaban la infección, compartiendo jeringuillas, e incluso intentando transfusiones.

Muchos llegaron a considerar que infectarse era una marca que identificaba su pertenencia a los frikis. En uno de los testimonios se dice que entre ellos se afirmaba que “si quieres ser rockero tienes que infectarte”. Seguro que podríamos estudiar la transmisión del VIH a través de las redes sociales, porque la situación de clandestinidad en la que vivían estos músicos permitiría trazar las posibles vías de infección.

Sin embargo, la historia de los frikis no es solo interesante por eso, sino por la ignorancia casi absoluta de lo que la infección podía suponer para la vida de esas personas. El podcast hace un interesante recorrido sobre los cambios políticos mundiales ocurridos en aqullos años: la caída del Muro, desmembramiento de la Unión Soviética, y el cese en la ayuda de la URSS a Cuba. Ello llevó a Cuba a un profundo aislamiento informativo; los ciudadanos no eran conscientes de la importancia de la infección por el VIH, y el régimen trataba de ocultarlos, encerrándolos en esos sanatorios.Y los infectados vivían alegremente porque, por un lado eludían la prisión, y por otro lado, porque la mayoría de los que allí estaban internados compartían su pasión por aquella música.

Pero pronto descubrieron que aquella infección no los liberaría de una realidad opresiva. A los pocos meses empezaron a conocer lo que la enfermedad producía, y su destino fatal. La historia, tal como la relatan los pocos testigos que aún sobreviven, tiene un tono melancólico. De un lado, porque el ingreso en los sanatorios era una oportunidad frente al “Socialismo o muerte” que Fidel Castro lanzaba al terminar sus discursos. Pero de otro lado, porque los frikis y su alegría se borró hace tiempo, sin que nadie los recuerde.

Radio Ambulante y Radiolab han preparado un video con los testimonios de dos frikis, Yohandra y Gerson.

Imagen de previsualización de YouTube

P.S. El libro “Al son del punk“, de Josu Trueba recoge fotografías de algunos de aquellos frikis.

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El conflicto de interés en la Universidad de Harvard

Hace algunos años encontré un artículo en el que se denunciaba una situación que bien podría haber ocurrido en mi facultad. Un estudiante de la Facultad de Medicina de Harvard había discutido con un profesor acerca de las posible reacciones adversas de un medicamento. El estudiante, que debía ser bastante empollón, conocía que esas reacciones se habían publicado en la literatura médica, pero el profesor las omitió cuando explicó la lección. Cuando el estudiante le hizo una observación al respecto, el profesor reaccionó menospreciando los argumentos de aquel estudiante.

No sé si algún estudiante de mi facultad tendría un conocimiento tan avanzado de la materia, ni cómo habría reaccionado. Pero aquel estudiante se motivó por el incidente, e indagó. Lo que descubrió es que aquel profesor había recibido una gratificación muy sustanciosa por parte de la compañía farmacéutica que comercializaba aquel fármaco de la discordia.

Una de las muchas diferencias que encuentro entre nuestra sociedad y las anglosajonas es el respeto a las normas. En nuestro medio, esa situación que he descrito se habría amenazado con llevarla ante los jueces, y luego como decía Cervantes, “… fuese y no hubo nada”, quedaría sin responsabilidad porque no se podría demostrar “fehacientemente” que las opiniones del profesor estaban determinadas por aquellos honorarios.

Sin embargo, los responsables de la Harvard Medica School abordaron el asunto como una conducta que no debería haberse producido. No trataron de demostrar que se había cometido un delito, sino que analizaron qué condiciones permitían que eso ocurriera, y sobre todo, que hubiera marcado con una sombra de duda la reputación de toda una institución. Contrasta esta actitud con la que encontramos en nuestro país, que a un político que está imputado por diversos delitos cometidos en el ejercicio de su cargo público, su partido lo defiende con la excusa vergonzosa de que “está imputado pero no condenado”.

Volviendo a Harvard, el decano formó un comité que ha estado estudiando el asunto ha elaborado unas normas para evitar lo que llaman “conflictos de interés entre los profesores y la industria (principalmente la farmacéutica, aunque no exclusivamente ella). Sabiendo que la financiación de esa facultad, y por extensión de toda la universidad, depende de los acuerdos con ese tipo de empresas, el hecho de que se restrinjan las gratificaciones a los profesores indica lo serio que se toma en aquellas tierras el asunto de la reputación institucional.

El lector de este comentario puede tratar de imaginarse cómo responderían algunos de los profesores de una facultad de Medicina española, si se intentara implantar unas normas semejantes. A continuación enumero las principales limitaciones que se van a implantar en aquella facultad.

  • Los profesores deben hacer públicas sus intereses acerca de la financiación, a través de una web llamada Harvard Catalyst.
  • A los profesores no se les permite actuar como portavoces o divulgadores de productos de la industria farmacéutica. Tampoco se le permite recibir retribuciones por actuar como conferenciante en condiciones que reducen la independencia intelectual del profesor.
  • También se prohibe que los profesores realicen investigaciones clínicas con productos o dispositivos en los que tengan intereses económicos, ya sea porque reciben gratificaciones en dinero o porque posean acciones de esa empresa.
  • Una prohibición muy curiosa, pero que seguro que aquí levantaría ampollas: se prohibe recibir regalos, viajes o invitaciones para comer.

El impacto de la iniciativa debe haber sido grande, porque la misma universidad ha elaborado un código de aplicación a todos los profesores de Harvard, no sólo a los de Medicina. Otras universidades y algunos hospitales están también elaborando normas similares.

Desconozco si esa iniciativa ha provocado alguna reacción opuesta entre los profesores de aquella facultad. No he encontrado ninguna referencia, aunque supongo que alguno se sentirá perjudicado en sus intereses particulares. Pero lo que personalmente me ha atraido de la experiencia son dos aspectos:

  • El desarrollo consensuado de las normas, mediante la participación de distintos sectores de aquella comunidad. He dicho en alguna otra parte que no todo se puede decidir a golpe de votación, porque de esa forma no se favorece el proceso de adaptación a las ideas y opiniones de otros. Alguno me ha llamado demagogo por esto, aunque viniendo de posturas reaccionarias, es casi  un halago.
  • El hecho de que un estudiante fuera el detonante del proceso me resulta muy interesante, y habla bastante bien del respeto con el que se tratan las opiniones de todas las personas en aquellos ambientes. Acostumbrados como estamos al desprecio hacia las opiniones contrarias, y especialmente cuando proceden de quienes consideramos inferiores, este episodio me parece muy apreciable. Y ¡atención, profesores! Muchos estudiantes, mientras impartimos clase, además de mirar Facebook o YouTube, también se dedican a comprobar si lo que estamos diciendo puede tener errores. Así que conviene no dormirse en los laureles, y actualizar nuestras clases.
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Sobre barras y líneas en las publicaciones científicas

Los textos de Estadística suelen tratar con displicencia la representación gráfica de los resultados. A fin de cuentas, para los que tienen una mentalidad cuantitativa, las gráficas están dirigidas a los “circuitos” de nuestro cerebro derecho (que me disculpen los neurofisiólogos si no uso rigurosamente los términos) . Apelan a nuestra percepción, y no a nuestra evaluación de valores, como hacen los que reivindican que lo científico debe resolverse usando los circuitos de nuestro cerebro izquierdo.

Pero poco a poco se va abriendo otra corriente, que tiene un toque heterodoxo, que reivindica el valor de las representaciones gráficas. Los autores y obras que más se han destacado en esa corriente merecen un post monográfico. Pero quiero comentar un artículo que se acaba de publicar el PLOS Biology. Los autores revisaron sistemáticamente más de 700 artículos publicados en revistas de Fisiología, y evaluaron la calidad de la presentación gráfica de los resultados. El concepto de revisión sistemática tal como lo usan  no se corresponde con el desarrollado en epidemiología o evaluación de tecnologías sanitarias, pero lo importante en este caso es la gran cantidad de material que han estudiado.

diagrama de barras

Una de las conclusiones-recomendaciones de los autores es que los investigadores deberían recibir una mejor formación en la representación de sus resultados. Este curso he intentado una pequeña experiencia con los estudiantes de sexto curso, a los que les ofrecí un taller, de dos horas de duración, sobre presentación de resultados, tanto en forma de tablas como en gráficas. No he evaluado todavía el impacto que tuvo ese seminario en su trabajo de investigación, ni su opinión acerca de los contenidos que trabajamos en el taller. Pero lo que concluye este artículo es una buena referencia para que en el futuro sigamos formando a nuestros estudiantes en las presentación y visualización de resultados.

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