Versión 2015 de la plataforma de enseñanza virtual

Dentro de unas semanas, la Universidad de Sevilla tiene previsto actualizar la plataforma que usa para la enseñanza online y la semipresencial o blended. Para anunciar las novedades, el Servicio de Informática y Comunicaciones ha organizado una jornada el próximo 18 de junio.

En esa jornada han incluido una mesa redonda, en la que me han pedido que participe. Mi intervención se referirá a mi experiencia con algunas herramientas, como Wimba Classroom o el podcaster, pero también pienso contar los grandes errores que he cometido al diseñar mis contenidos en la plataforma.

Está previsto que se retransmita a través de la tv.us. Cuando tenga más información la publicaré.

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Aquellos frikis cubanos que cantaban canciones punk

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos es una cuestión diplomática que seguramente resultará muy interesante a los políticos, a los periodistas, y a los que se dedican a estudiar las relaciones internacionales. No me cuento entre los miembros de ninguno de esos grupos, pero ese cambio diplomático me interesa porque es muy posible que nos depare historias interesantes desde el punto de vista humano. Y una de esas historias es la de los frikis cubanos.

La palabra “friki” parece que ha entrado en nuestro vocabulario de la mano de la informática, y sobre todo de internet. Para muchos, la imagen de un friki corresponde a la de un informático (o estudiante de informática), aficionado a los videojuegos, y que pasa las 24 horas del día resolviendo problemas de código máquina, aporreando el teclado de su ordenador, o pasando de nivel pegado a los mandos de la videoconsola.

La Real Academia ha incluido la palabra en la última edición del Diccionario de la Lengua Española. Y establece que la etimología es la palabra inglesa “freaky”, y ésta a su vez proviene de “freak”, que significa “extraño”, “extravagante”. Para hacernos una idea muy gráfica de esta palabra podemos recurrir a la portada del albúm “Strange days“, de uno de los grupos más underground de los sesenta, The Doors. En la fotografía aparecen forzudos de circo, enanos, payasos, …

Portada de

Portada de “Strange Days”

Pero dejando a un lado el origen de la palabra, la idea de este comentario me surgió después de escuchar un episodio del podcast Radiolab, titulado “Los frikis“.  El episodio relata la historia de un grupo de personas que, allá por los años ochenta y noventa, intentaron adoptar un estilo de vida que se apartaba de lo que dictaba la ortodoxia del regimen castrista. Ellos mismos se dieron el apelativo de frikis. Sin embargo, su aspecto, indumentaria y peinado estaban más cerca de los punkies que de cualquier otra tribu urbana.

Aunque cuando estos músicos empezaron a tocar, el movimiento punk empezaba a desaparecer sobre todo en el Reino Unido, adoptaron la misma estética y estilo musical. Fueron acosados (y acusados) por intentar escuchar la música de AC/DC, Metallica, Led Zeppelin, y otros grupos a los que el régimen cubano consideraba como degenerados, capitalistas, y otras zarandajas.

También hay una versión en español, emitida por Radio Ambulante, que lo titula “Los sobrevivientes“.

Lo dramático, y a su vez interesante y humanamente triste, es que muchos de aquellos jóvenes descubrieron que si adquirían una enfermedad, el VIH, que en aquellos tiempos estaba diseminándose por todo el mundo, Cuba incluida, el régimen los ingresaba en unos centros sanitarios, los llamados sanatorios. En aquellos sanatorios, esos músicos, unos “desviacionistas” según la terminología oficial, podían disfrutar de total libertad para tocar su música, vivir su vida de la manera que más les gustaba, alimentados y recibiendo unos cuidados médicos. Para lograr ser admitidos en esos sanatorios, muchos de ellos se contagiaban la infección, compartiendo jeringuillas, e incluso intentando transfusiones.

Muchos llegaron a considerar que infectarse era una marca que identificaba su pertenencia a los frikis. En uno de los testimonios se dice que entre ellos se afirmaba que “si quieres ser rockero tienes que infectarte”. Seguro que podríamos estudiar la transmisión del VIH a través de las redes sociales, porque la situación de clandestinidad en la que vivían estos músicos permitiría trazar las posibles vías de infección.

Sin embargo, la historia de los frikis no es solo interesante por eso, sino por la ignorancia casi absoluta de lo que la infección podía suponer para la vida de esas personas. El podcast hace un interesante recorrido sobre los cambios políticos mundiales ocurridos en aqullos años: la caída del Muro, desmembramiento de la Unión Soviética, y el cese en la ayuda de la URSS a Cuba. Ello llevó a Cuba a un profundo aislamiento informativo; los ciudadanos no eran conscientes de la importancia de la infección por el VIH, y el régimen trataba de ocultarlos, encerrándolos en esos sanatorios.Y los infectados vivían alegremente porque, por un lado eludían la prisión, y por otro lado, porque la mayoría de los que allí estaban internados compartían su pasión por aquella música.

Pero pronto descubrieron que aquella infección no los liberaría de una realidad opresiva. A los pocos meses empezaron a conocer lo que la enfermedad producía, y su destino fatal. La historia, tal como la relatan los pocos testigos que aún sobreviven, tiene un tono melancólico. De un lado, porque el ingreso en los sanatorios era una oportunidad frente al “Socialismo o muerte” que Fidel Castro lanzaba al terminar sus discursos. Pero de otro lado, porque los frikis y su alegría se borró hace tiempo, sin que nadie los recuerde.

Radio Ambulante y Radiolab han preparado un video con los testimonios de dos frikis, Yohandra y Gerson.

Imagen de previsualización de YouTube

P.S. El libro “Al son del punk“, de Josu Trueba recoge fotografías de algunos de aquellos frikis.

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El conflicto de interés en la Universidad de Harvard

Hace algunos años encontré un artículo en el que se denunciaba una situación que bien podría haber ocurrido en mi facultad. Un estudiante de la Facultad de Medicina de Harvard había discutido con un profesor acerca de las posible reacciones adversas de un medicamento. El estudiante, que debía ser bastante empollón, conocía que esas reacciones se habían publicado en la literatura médica, pero el profesor las omitió cuando explicó la lección. Cuando el estudiante le hizo una observación al respecto, el profesor reaccionó menospreciando los argumentos de aquel estudiante.

No sé si algún estudiante de mi facultad tendría un conocimiento tan avanzado de la materia, ni cómo habría reaccionado. Pero aquel estudiante se motivó por el incidente, e indagó. Lo que descubrió es que aquel profesor había recibido una gratificación muy sustanciosa por parte de la compañía farmacéutica que comercializaba aquel fármaco de la discordia.

Una de las muchas diferencias que encuentro entre nuestra sociedad y las anglosajonas es el respeto a las normas. En nuestro medio, esa situación que he descrito se habría amenazado con llevarla ante los jueces, y luego como decía Cervantes, “… fuese y no hubo nada”, quedaría sin responsabilidad porque no se podría demostrar “fehacientemente” que las opiniones del profesor estaban determinadas por aquellos honorarios.

Sin embargo, los responsables de la Harvard Medica School abordaron el asunto como una conducta que no debería haberse producido. No trataron de demostrar que se había cometido un delito, sino que analizaron qué condiciones permitían que eso ocurriera, y sobre todo, que hubiera marcado con una sombra de duda la reputación de toda una institución. Contrasta esta actitud con la que encontramos en nuestro país, que a un político que está imputado por diversos delitos cometidos en el ejercicio de su cargo público, su partido lo defiende con la excusa vergonzosa de que “está imputado pero no condenado”.

Volviendo a Harvard, el decano formó un comité que ha estado estudiando el asunto ha elaborado unas normas para evitar lo que llaman “conflictos de interés entre los profesores y la industria (principalmente la farmacéutica, aunque no exclusivamente ella). Sabiendo que la financiación de esa facultad, y por extensión de toda la universidad, depende de los acuerdos con ese tipo de empresas, el hecho de que se restrinjan las gratificaciones a los profesores indica lo serio que se toma en aquellas tierras el asunto de la reputación institucional.

El lector de este comentario puede tratar de imaginarse cómo responderían algunos de los profesores de una facultad de Medicina española, si se intentara implantar unas normas semejantes. A continuación enumero las principales limitaciones que se van a implantar en aquella facultad.

  • Los profesores deben hacer públicas sus intereses acerca de la financiación, a través de una web llamada Harvard Catalyst.
  • A los profesores no se les permite actuar como portavoces o divulgadores de productos de la industria farmacéutica. Tampoco se le permite recibir retribuciones por actuar como conferenciante en condiciones que reducen la independencia intelectual del profesor.
  • También se prohibe que los profesores realicen investigaciones clínicas con productos o dispositivos en los que tengan intereses económicos, ya sea porque reciben gratificaciones en dinero o porque posean acciones de esa empresa.
  • Una prohibición muy curiosa, pero que seguro que aquí levantaría ampollas: se prohibe recibir regalos, viajes o invitaciones para comer.

El impacto de la iniciativa debe haber sido grande, porque la misma universidad ha elaborado un código de aplicación a todos los profesores de Harvard, no sólo a los de Medicina. Otras universidades y algunos hospitales están también elaborando normas similares.

Desconozco si esa iniciativa ha provocado alguna reacción opuesta entre los profesores de aquella facultad. No he encontrado ninguna referencia, aunque supongo que alguno se sentirá perjudicado en sus intereses particulares. Pero lo que personalmente me ha atraido de la experiencia son dos aspectos:

  • El desarrollo consensuado de las normas, mediante la participación de distintos sectores de aquella comunidad. He dicho en alguna otra parte que no todo se puede decidir a golpe de votación, porque de esa forma no se favorece el proceso de adaptación a las ideas y opiniones de otros. Alguno me ha llamado demagogo por esto, aunque viniendo de posturas reaccionarias, es casi  un halago.
  • El hecho de que un estudiante fuera el detonante del proceso me resulta muy interesante, y habla bastante bien del respeto con el que se tratan las opiniones de todas las personas en aquellos ambientes. Acostumbrados como estamos al desprecio hacia las opiniones contrarias, y especialmente cuando proceden de quienes consideramos inferiores, este episodio me parece muy apreciable. Y ¡atención, profesores! Muchos estudiantes, mientras impartimos clase, además de mirar Facebook o YouTube, también se dedican a comprobar si lo que estamos diciendo puede tener errores. Así que conviene no dormirse en los laureles, y actualizar nuestras clases.
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Sobre barras y líneas en las publicaciones científicas

Los textos de Estadística suelen tratar con displicencia la representación gráfica de los resultados. A fin de cuentas, para los que tienen una mentalidad cuantitativa, las gráficas están dirigidas a los “circuitos” de nuestro cerebro derecho (que me disculpen los neurofisiólogos si no uso rigurosamente los términos) . Apelan a nuestra percepción, y no a nuestra evaluación de valores, como hacen los que reivindican que lo científico debe resolverse usando los circuitos de nuestro cerebro izquierdo.

Pero poco a poco se va abriendo otra corriente, que tiene un toque heterodoxo, que reivindica el valor de las representaciones gráficas. Los autores y obras que más se han destacado en esa corriente merecen un post monográfico. Pero quiero comentar un artículo que se acaba de publicar el PLOS Biology. Los autores revisaron sistemáticamente más de 700 artículos publicados en revistas de Fisiología, y evaluaron la calidad de la presentación gráfica de los resultados. El concepto de revisión sistemática tal como lo usan  no se corresponde con el desarrollado en epidemiología o evaluación de tecnologías sanitarias, pero lo importante en este caso es la gran cantidad de material que han estudiado.

diagrama de barras

Una de las conclusiones-recomendaciones de los autores es que los investigadores deberían recibir una mejor formación en la representación de sus resultados. Este curso he intentado una pequeña experiencia con los estudiantes de sexto curso, a los que les ofrecí un taller, de dos horas de duración, sobre presentación de resultados, tanto en forma de tablas como en gráficas. No he evaluado todavía el impacto que tuvo ese seminario en su trabajo de investigación, ni su opinión acerca de los contenidos que trabajamos en el taller. Pero lo que concluye este artículo es una buena referencia para que en el futuro sigamos formando a nuestros estudiantes en las presentación y visualización de resultados.

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Los estudios de la Facultad de Medicina

A veces, por las obligaciones del cargo, tengo que actuar delante de las cámaras. En el siguiente enlace, dentro de un programa universitario, aparezco en un reportaje sobre la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla (a partir del minuto 34).

P.S. Para los “maliciosos” que se fijan en todo, lo del bolsillo de la chaqueta fue un despiste. ¡Pero me dijeron que no se vería!

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¿Qué funciona en la asistencia sanitaria?

Para autorizar un nuevo tratamiento médico, las compañías farmacéuticas tienen que hacer unos estudios muy especiales, los ensayos aleatorios controlados, también conocidos como ensayos clínicos.

Pero ¿cómo probar si un cambio en la organización de unos servicios sanitarios hace que sea mejor la asistencia? ¿Qué funciona y qué no funciona en la asistencia sanitaria?Habitualmente, los cambios en la organización se introducen siguiendo la intuición de los planificadores en algunos casos, mientras que en otros se hace a partir de modelos teóricos más o menos elaborados. Lo que no es tan frecuente es que se aplique el mismo enfoque que usamos para los medicamentos.

Sin embargo, no es una idea totalmente descabellada. En un par de episodios recientes de los podcasts de Freakonomics (aquí y aquí) se presentan experiencias de este tipo. Una de ellas, la de Finkelstein, una profesora de economía en el M.I.T. que dirige un grupo de investigación sobre asistencia sanitaria, es un intento para obtener evidencias empíricas al respecto.

Usando los datos de lo que podríamos llamar un “experimento natural”, esta investigadora evaluó si la asistencia gratuita modificaba los resultados clínicos, el uso de los servicios de urgencias y el empleo. Sus conclusiones no siempre coinciden con lo que se espera desde posiciones ideológicas de derechas y de izquierdas.

En este tipo de debates tan formales, hay quien sabe introducir un elemento de reflexión de una manera divertida, o al menos poco convencional. Es lo que hizo un médico de la Universidad de Harvard, Anupam Jena, que es además economista. Su pregunta es qué efecto tiene la ausencia de especialistas sobre la calidad de la asistencia. Ha publicado un artículo en JAMA Internal Medicine, en el que estudia qué ocurre cuando los mejores cardiólogos de Estados Unidos se reúnen en alguno de los dos congresos de cardiología de ese país. En cada uno de esos encuentros se reúnen miles de especialistas, que durante varios días dejan de atender a sus pacientes. Y se puede esperar que los pacientes no tengan la atención necesaria.

¿Seguro? Los resultados del estudio como mínimo son chocantes. Durante los días de celebración de los congresos, la mortalidad en los pacientes que son hospitalizados por insuficiencia cardíaca era del 17-18% (a los 30 días de haber ingresado en el hospital). Puede parecernos una cifra alta o baja, pero por eso tenemos que compararla con los pacientes hospitalizados antes o después de las fechas de los congresos, y que por lo tanto recibieron la atención de esos cardiólogos. La mortalidad en estos casos fue cercana al 25%.

¿Es para reflexionar o no?

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El diseño de una presentación científica

Estamos acostumbrados a pensar que un científico, al presentar sus investigaciones, solamente se tiene que preocupar por exponer sus hallazgos. Solemos verlo como un “transmisor”, no como un “comunicador”.

Pero si quieres conseguir que tu trabajo sea apreciado y reconocido, no te puedes limitar al primer rol; debes convertirte activamente en lo segundo. Y ¿cómo se consigue? En este comentario NO voy a decirte cómo, pero te daré algunas orientaciones. Pero a veces es mejor decir aquellos que debes evitar, o lo que es igual, lo que NO debes hacer y así lo haré también.

1. El principio del principio

Lo primero es que tienes que elaborar un mensaje nítido de lo que has conseguido. ¿Fácil? Bueno, no tanto. Estamos tan inmersos en nuestro trabajo que en la mayoría de las ocasiones, nuestras exposiciones son extensas, embrolladas, distantes. ¿Y cómo conseguirlo? Es mejor entender que este principio es un proceso, no un destino. Prueba a eliminar elementos, hasta que llegue un momento que el texto deje de tener sentido.

Un buen ejemplo de esto se puede ver en las publicaciones originales sobre la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN). En 1953, la revista Nature publicó varios artículos sobre este tema de investigación. Uno de esos artículos estaba firmado por Rosalind Franklin, que un año antes había obtenido una imagen de difracción por rayos X de esa molécula, la llamada fotografía “p51″.

Esa misma fotografía se la habían mostrado a dos investigadores de la Universidad de Cambridge, Watson y Crick, que también publicaron un artículo en ese mismo número. El primer párrafo de ese artículo dice así:

Nos gustaría sugerir una estructura para la sal del ácido desoxirribonucleico (A.D.N.). Esta estructura tiene unas características novedosas que son de un considerable interés biológico.

Con pocas palabras le anunciaban al lector un hallazgo novedoso, algo que podía tener una gran importancia para el avance de la ciencia. Y eso incitaba al lector a seguir leyendo. Dos frases, y la magia se había creado.

A modo de comparación, ¿cómo empezaba el artículo firmado por Franklin?

Aunque las propiedades biológicas del ácido nucleico deoxipentosa sugiere una estructura que tiene una gran complejidad, los estudios de difamación de rayos X que aquí se describen muestran que la configuración molecular básica tiene una gran sencillez. El propósito de esta comunicación es describir, de una forma preliminar, algunas de las evidencias experimentales de que la configuración de la cadena de polinucléotidos es helicoidal, y existe en esta forma cuando se encuentra en un estado natural.

La descripción es técnicamente correcta, indica lo que va a presentar. Se puede decir que incluso da más detalles que el primer párrafo de Watson y Crick. Pero carece del entusiasmo del primero. Al lector de este artículo le podrían mencionar cualquier otra molécula, y el tono habría sido muy parecido. La longitud de cada frase es comparativamente mayor que la de cada una de las frases del otro artículo..

Para muchos, la concesión del premio Nobel a Watson y Crick, pero no a Wilkins, fue injusta. Es bastante probable que en ello influyera una actitud discriminatoria hacia las mujeres científicas por parte del establishment científico y académico. Pero el mayor reconocimiento de los dos investigadores también se puede explicar porque ellos supieron comunicar mejor su interpretación de aquellos resultados.

2. El científico es un diseñador

Tenemos la idea de que el diseño es algo reservado a los elementos de nuestra vivienda, de nuestro automóvil, etc. Si acaso, cuando se habla de diseño a un investigador, lo relaciona con la forma en la que ha organizado su estudio, el diseño de la investigación. Pero cuando se trata de la presentación de unos resultados, pensamos que el diseño se refiere al uso de las plantillas de Powerpoint, los efectos que hacen que el texto parpadee, entre otros.

Conseguir una definición de qué es el diseño de un trabajo científico es difícil. Podemos decir que:

El diseño trata de determinar qué impacto quiere tener el autor sobre la audiencia y entonces establecer la mejor forma de conseguir ese objetivo.

Si algo está bien diseñado, el diseño es invisible; el producto final parece obvio, inevitable, natural.

Pero podemos decir qué cosas NO entran del diseño:

  • El diseño no es decoración
  • El diseño no es una acumulación de imágenes clp-art (esas imágenes que vienen en la galería de los programas como Word o PowerPoint).
  • El diseño no es la inclusión de una imagen muy atractiva, pero que no tiene relación con el contenido.
  • El diseño no es usar tipos de letras en una diversidad de categorías, combinando fuentes y colores.
  • El diseño no es poner efectos de transición en las diapositivas.
  • El diseño NO tiene que llamar la atención.
  • El diseño no es un medio que tiene el autor para demostrar lo bien que maneja un programa.
  • El diseño no es la capacidad para incluir el mayor número de imágenes posibles en una diapositiva.
  • El diseño no es pasividad. No es la aceptación de las configuraciones preestablecidas en el software que usemos, aplicando las plantillas del programa o copiando el estilo visual de otro autor.
    El diseño no es algo que se interpone entre tus resultados y la audiencia con la que te quieres comunicar.

3. Abraza la sencillez

Los ejemplos anteriores subrayan una característica de las malas presentaciones: la complejidad. Desde luego, cualquier trabajo científico trata con fenómenos complejos, pero eso no tiene que implicar que su presentación también sea complicada.

El genio de una buena presentación suele tener que ver con lo que se deja fuera que con lo que ponemos dentro. Es fácil añadir más y más detalles, resultados, elementos visuales, y discusiones en un trabajo científico o en una presentación. Es mucho más difícil sustraer, eliminar deliberadamente elementos que no añaden mucho valor al trabajo.

Una presentación sencilla no tiene que ser sinónimo de una presentación aburrida. La sencillez no se debe confundir con la simplificación; cuando se simplifica, se desestructura el trabajo que se presenta, porque se han omitido elementos fundamentales para entender sus resultados.

¿Dónde está el límite? El autor tiene que buscar el equilibrio entre la complejidad y la simplicidad, y el punto de equilibrio es la sencillez. Para llegar a ese punto, el autor tiene que saber eliminar todo aquel contenido superfluo, pero cuidando que el trabajo mantenga su espíritu. No hay reglas sino principios.

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El tiempo en las presentaciones del TFG

1. Una historia casi real

Te vas a enfrentar a un dilema importante. Durante varios meses te has esforzado, trabajando para diseñar una técnica, o para elegir a unos pacientes a los que tienes que estudiar, o cualquier otra tarea que te haya indicado el tutor. Has analizado tus resultados, has preparado un sinfín de tablas, gráficos, diagramas, fotografías, etc.

Y naturalmente, quieres contar todo lo que tienes en tu presentación al tribunal. Tienes que demostrarle lo mucho que sabes y lo mucho que has trabajado. Pero … solamente tienes 10 minutos para exponer el trabajo. Naturalmente, piensas que cuando el tribunal conozca tus resultados, se va a quedar impresionado y no va a reparar en esa tontería del tiempo. Seguro que si te pasas algunos minutos no les va a importar.

Te has aprendido de memoria tus diapositivas, y sabes recitarlas en tu cabeza. Sabes lo que vas a decir. No lo has ensayado, pero en clase, cuando has expuesto algún trabajo has sabido hacerlo.

Pero te ha tocado actuar en quinto lugar. La primera compañera en intervenir se ha pasado 5 minutos del tiempo, el segundo,  14, … Cuando llega tu turno, lo haces una hora más tarde de lo previsto. Las caras de los miembros del tribunal, que al principio parecían bastante atentos, han cambiado a una actitud ausente, y en algún caso somnolienta.

Empiezas tu exposición. Has conseguido comprimir tu trabajo solamente en 32 diapositivas. La primera diapositiva, con un elegante fondo, al que has añadido un sonoro efecto en el que la imagen de un pez cruza el plano, a la vez que se acompaña de un sonido burbujeante, te ha llevado varias horas. Esperas unos segundo para ver como impresionas a todo el mundo, …, pero los del tribunal siguen haciendo sus anotaciones en el trabajo, mirando el móvil, …

En ese momento, una persona entra en la sala y se dirige al tribunal. Te quedas un poco pillada. Esa persona y el presidente cuchichean sobre no sabes que. El presidente asiente. La persona vuelve sobre sus pasos y abre de nuevo la puerta. Intentas reanudar la exposición, pero el presidente te dice tajantemente: “Se nos acaba el tiempo. Por favor, lea las conclusiones”. Sigues tu exposición donde la habías dejado. Y el presidente, ahora mucho más seco, y con cierta irritación, te recalca: “Olvídese del resto. Lea simplemente las conclusiones”. Y tu mente se precipita al abismo.

2. El tiempo es nuestro amigo

La escena anterior no es real, pero se parece bastante a la que una y otra vez se produce en la presentación de muchos trabajos y proyectos. El desprecio por los límites del tiempo se produce porque no se suele valorar su importancia, y además porque solemos pensar que cuanto más (hablemos), mejor (resultado) obtendremos.

Pero no es así. Las limitaciones del tiempo se pueden convertir en nuestra mejora guía para seleccionar mejor lo que tenemos que decir. Piensa en lo que te ocurre cuando te sientas en el aula a escuchar una clase; prácticamente, tu atención no se alarga más allá de unos 10-15 minutos. A partir de lo que se ha medido en muchos estudiantes universitarios y no universitarios, nuestra capacidad de atención continuada es relativamente corta, unos 10-15 minutos. Y eso, cuando nos interesa algo.

Por eso, cuando prepares tu presentación, hazlo pensando en los límites que te han indicado. Si los respetas, e incluso la recortas un poco por debajo, sin lugar a dudas te ganarás el respecto del tribunal. ¿Por qué? Pues porque habrá comprobado que has respetado la norma (eso es importante) y además no le habrás dado tiempo a que desconecten.

El gran actor Dani Rovira nos dio un buen ejemplo de todo lo que se puede contar en un minuto, durante la gala de los premios Goya. Su intención era caricaturizar a esos premiados que suelen dar “discursitos” poco afortunados al recibir un premio. Pero sirve también para ilustrar lo que comentamos. Y aunque no lo creas, la preparación de ese sketch le debió llevar unas cuantas horas. ¡La brevedad no se improvisa!

En la historia imaginaria que contaba al principio, cada vez que había un cambio de presentación, el tribunal podía tomar un respiro y recuperar su atención. Pero también, de forma reiterada, después de unos minutos, el tribunal empezaba a “desconectar”. Por esa razón, si te ajustas al tiempo, reducirás las posibilidades de que se aburran.

3. La cuenta regresiva

Tienes que prepararte para la exposición. Pero en vez de ensayarla desde el principio al final, deberías hacerlo al revés. Si lo más importante son tus conclusiones, deberías contarlas al comienzo. Y así, de esta forma estarás mucho más relajada, porque has dicho lo importante, y aunque te corten, podrás salir con buen pie de este lance.

Sin embargo, la mayoría de nosotros no usamos esa manera de presentación. Preferimos ir de principio a fin. Para ensayar, muchas veces usamos un cronómetro, que ponemos en marcha al empezar y paramos cuando hemos acabado la exposición. Pero este sistema no nos orienta para qué debemos acortar en nuestra exposición.

Por eso te recomiendo cualquier dispositivo que te permita medir el tiempo hacia atrás. El minutero de cocina es uno de esos dispositivos. También puedes encontrar dispositivos de este tipo en muchas aplicaciones del teléfono móvil, o en internet. ¿Cómo lo debes usar? Programa el tiempo de la exposición, y ponlo en marcha cuando empieces. Cuando pase el tiempo y suene la alarma, debes detener inmediatamente tu exposición. Y debes revisar dos aspectos:

a) Qué partes de tu exposición no podrías exponer si el tribunal no te permitiese seguir. Comprueba si lo que quedaría por exponer es importante o no. Porque si lo fuera, no habrías podido presentarlo. Y si no lo fuera, ya sabes que lo puedes suprimir porque no te va a dar tiempo.

b) Aquello que si te ha dado tiempo a exponer y que te ha consumido todo el tiempo disponible. ¿Contiene lo fundamental de tu trabajo, de tus resultados y de tus conclusiones? Si no fuera así, tienes que trabajar para eliminar aquello que sea secundario, y que te roba tiempo a lo más importante.

Si sometes tu presentación a varias sesiones usando estas cuentas regresivas, podrás conseguir que tus diapositivas se ajusten mucho mejor al tiempo que te conceden, sin riesgo de no contar lo que realmente quieres contar.

4. La sencillez y la creatividad

Piensa que los miembros del tribunal escuchan trabajos con diferentes objetivos, métodos, etc. Nos gusta pensar que la Ciencia es algo complicado, que no está al alcance de cualquiera. Y por eso, a muchos nos gusta incluir una gran cantidad de información en cada diapositiva. Demostramos así que dominamos un conocimiento complejo, difícil de adquirir.

Pero aunque no te lo parezca, lo contrario es mucho más cierto. Quiero decir, que la capacidad para exponer una idea de una manera simple exige un esfuerzo intelectual muy importante. Te recuerdo aquello de “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Una referencia cronológicamente mucho más cercana a nosotros es la del músico de jazz, Charles Mingus, que dijo

Hacer que lo sencillo sea complicado es habitual, pero hacer que lo complicado sea simple, extremadamente simple, eso es creatividad.

Debes trabajar para conseguir extraer los elementos fundamentales que permitan a cualquiera (y principalmente a los miembros del tribunal) entender tu trabajo y qué es lo que aporta. En uno de los talleres, un estudiante comentó que si al presentar su trabajo lo hacía muy simple, eso podría hacer que pareciese que el trabajo no era importante. Es lógico que se tenga ese miedo. Pero de lo que aquí hablamos es de la exposición de los resultados ante una comisión que lo valora. No se refiere al contenido en si del trabajo, ni de las ideas que contiene.

Elimina lo superfluo y busca lo esencial. No es fácil, pero eso es lo que puede hacer que tu presentación se diferencie de otras.

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El conocimiento colectivo y MIR 2.0

Hace unos días que el Ministerio de Sanidad publicó la plantilla de las respuestas correctas  en la última prueba MIR. En el blog “Casi médicos” ha aparecido un curioso análisis de los resultados que hemos obtenido en el proyecto MIR 2.0.

Lo cierto es que no había tenido tiempo de comprobar si las respuestas que había propuesto como correctas, coincidían con las del Ministerio. Y estoy satisfecho porque he conseguido acertar mis preguntas. Siete de siete.

La segunda reflexión es que como trato de inculcarle a mis estudiantes, el trabajo en equipo consigue resultados mejores que trabajando por separado. Globalmente, las respuestas que hemos elaborado un grupo de personas, cada una especializada en una materia, consiguen acertar más del 90%. No quiero entrar ahora en cuestiones de psicometría de la prueba MIR, en la que por cierto y hasta donde yo sé, el Ministerio parece considerarlo un asunto de alto secreto. Pero lo cierto es que, a la vista de la estabilidad de los resultados de un año para otro, debe haber un porcentaje de preguntas cuya redacción puede ser de difícil interpretación.

Naturalmente, el propósito de la prueba MIR es fundamentalmente el de ordenar a los candidatos. Y por eso, ciertas consideraciones que habitualmente hago sobre las cualidades de algunas preguntas pueden parecer secundarios. Pero las hago pensando en que también pueden servir de ayuda para quien se acerca al estudio de la Estadística.

En fin, otro año más he disfrutado de la experiencia de participar en el proyecto MIR 2.0.

 

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MIR 2.0 2015 – Estadística 5

190. En un ensayo clínico se evaluó la no-inferioridad del inhalador HDP-MDI (experimental) frente al inhalador FDC-ELIPTUS (control). El límite clínicamente relevante inferior se fijó en -50 ml en el volumen espiratorio forzado en el primer segundo (VEF1). Los resultados mostraron una diferencia absoluta en VEF1 entre tratamientos de +8 mL a favor de inhalador HDP-MDI (intervalo de confianza al 95%: -59 ml a +67 ml). Señale la respuesta correcta:

1. El nuevo inhalador HDP-MDI es superior al inhalador control.

2. El inhalador FDC-ELIPTUS es no-inferior al inhalador experimental.

3. El estudio no es concluyente.

4. Ambos inhaladores son equivalentes.

5. El inhalador HDP-MDI es no-inferior al inhalador control.

Respuesta

La respuesta correcta es 3. El estudio no es concluyente.

Esta pregunta aborda un tipo de investigación que no es de las más frecuente. Por tanto, tiene cierta complicación. Se trata de demostrar que una intervención, un fármaco en este caso, no es peor que otro. Vendría a ser como una hipótesis nula en un test de hipótesis estadística.

Para ello se establece un intervalo de valores, en el que se admite que un intervalo no es peor (ni mejor) que el otro tratamiento. En este caso, el resultado del tratamiento experimental tiene asociado un intervalo de confianza cuyo límite inferior (-59) supera al límite de inferioridad establecido (-50). Pero el límite superior es compatible con un resultado que indique que el tratamiento es superior. Como no queda claro, he optado por la respuesta que el resultado no es concluyente.

Algunas de las otras respuestas plantean ciertas dudas. Podría pensarse que en ese caso que el HDP-MDI es inferior, pero por otro lado, la estimación del efecto +8, es decir que podría ser incluso superior.

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